Es una frase sencilla pero a la vez es de una materialización difícil.
Estamos inmersos en una especie de elipse social que nos deja poco espacio para la reflexión real. Creemos que somos dueños de nuestros pensamientos y deducciones, e incluso a veces nos hacemos la ilusión de que somos capaces de mejorar nuestra vida con algunos cambios… alternativas que nos dan pequeños triunfos personales, porque nos vemos menos presionados, buscando soluciones a pequeños estresses mentales. Y es que hemos sido capaces de cambiar “algo” para que la vida, ese día, sea más fácil.
Pero al poco tiempo nos volvemos a ver en esa marejada de movimientos mentales para mejorar nuestra logísitca de vida.
Y aparecen pocas alternativas al cambio. Porque el cambio no lo vemos con claridad. En realidad no sabemos si lo queremos. Estamos acostumbrados a lidiar con estos malabarismos diarios, semanales… Esfuerzo, sacrificio, resignación, en el fondo… costumbre. Y es que complicarse la vida es tan fácil… Renunciar es difícil.
Pero ¿a qué renunciaríamos?.. en realidad… si supiéramos reflexionar con valor, si nos atreviéramos a ser valientes por un momento y descubrir lo que somos…